La educación es un
concepto que a nadie deja indiferente, parece estar dentro de nuestra piel.
Cuando conocemos a alguien después de las comunes preguntas de cortesía le
preguntamos y tú qué estudiaste… Es algo que viene inscrito en nuestro sistema.
Y al parecer
nuestro sistema actual de educación está roto. Nos enseñan mediante un programa
que tiene hasta arriba las matemáticas y hasta abajo las artes y la cultura
humanista. Un programa basado en la era industrial que no ha cambiado mucho
desde entonces.
Al inicio de la
revolución industrial, se dio la urgente necesidad de contratar a personas que
tuviesen conocimientos básicos de las humanidades y el arte y conocimientos
técnicos sobre la maquinaria que iban a ocupar, además que al poseer un
conglomerado de diversas ciencias en su cabeza, pero sin ser realmente
especializados en nada, los hacía la raza perfecta para el trabajo industrial y
la manipulación del rey. Se propuso entonces ofrecer un programa en la escuela
donde cada alumno recibiera 45 minutos de una asignatura y cambiase a los
siguientes 45 minutos a otra asignatura que no tuviese que ver absolutamente
nada con la anterior, para así, llenar su cabeza de datos interesantes, pero evitar
el pensamiento propio, el análisis y el síntesis sobre cualquier tema. Se les
premiaba a la memorización y se les condicionaba con calificaciones en sus
exámenes. ¿Suena conocido? Nada ha cambiado desde entonces…
Al escribir sobre
el tema, redireccionando la innovación no hay mejor manera que enfocarlo desde
la educación. Donde todo mundo tiene un interés en el ambiente, y si se me
permite ser más abierto, dónde la cultura latinoamericana está no solamente
sobre diagnosticada, pero sufre terriblemente de políticas demagogas y de los
embates de las organizaciones que tienen los intereses bien puestos en que los
ciudadanos no crezcan, no piensen por sí mismos, sean más manipulables…
¿Qué se puede hacer
entonces cuando los interesados (los ciudadanos, los padres de familias, los
estudiantes) esperan de quien no quiere cambiar un cambio radical? Se puede
forzar un cambio auténtico utilizando todos los medios de presión actuales
lícitos y legales. Y sólo cuando se hayan agotado todos esos medios, incluso se
podría pensar en una revolución, una revolución desde el intelecto, de las
ideas, del deseo de crecimiento y de superación individual.
La revista del
economista nos presenta un cuadro bastante desalentador en cuestiones
educativas cuando se propone que cerca del 2020 casi todas las personas que
viven actualmente en el mundo tendrán una licenciatura en la universidad, o un
“degree de un college de cierta reputación”. ¿Dónde queda pues el valor
agregado de la educación cuando se supone que las siguientes posiciones de
trabajos de la siguiente década son trabajos que aún no existen? ¿No requiere
la universidad, nuestras facultades un cambio de perspectiva? ¿Dónde el valor
agregado de la institución sea medido en creatividad e innovación y no en
dinero?

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