jueves, 13 de agosto de 2015

Genios y la regla de los 10,000

Hace tiempo, recorriendo las estanterías de una librería me llamó la tención un libro de K. Anders Ericsson, en inglés: "Toward a general teory of expertise" (lo sé, nada sexy) pero después de darle una ojeada me resultó curioso una observación hecha por el autor: Los genios no nacen, cualquier persona con un talento mediano o incluso sin talento alguno, después de 10 mil horas de práctica se convierte en prodigio.

Esto es una afirmación sin precedentes, significa que las personas que no tienen talento pueden desarrollaro a base de práctica. Diez mil horas nos suena excesivo, sin embargo, considerando que un día tiene unas 8 horas (laborales, ¿por qué no?) son 1250 días de práctica para volvernos expertos en algo, unos 3.42 años para convertirnos en genios. Si se toma en persectiva, la cualidad para volverse un  genio es más perseverancia, constancia y fuerza de voluntad que cualquier otra cosa.

10,000 horas se aprovechan una ganga cuando consideramos todos los momentos desperdiciados viendo la tele, lavándonos los dientes, disfrutando una copa de vino, que bien podrían ser aprovechados desarrollando un talento que será beneficioso para alcanzar x o y meta, a menos que la meta sea ver una pelicula de netflix o disfrutar la copa de vino...



La regla de la genialidad está sobrevalorada, es alcanzable (hipotéticamente) y a costa de qué: (a menos que seamos Batman) la mayoría de las personas necesitamos trabajar para obtener un alimento, y durante éste devenir de acontecimientos cotidianos logramos sacarle una o dos horas al día para realizar una actividad que disfrutamos realizando.

Quizá la reflexión vaya sobre aprovechamiento del tiempo y propósito. Las actividades que realizamos día a día significarán la marca indeleble en nuestro devenir como seres humanos. Nos recordarán las futuras generaciones no por las grandezas que realizamos en base a un día, sino por todo el conglomerado de actividades que fue formando el día a día nuestra vida. Si es una vida llena de detalles basados en el esfuerzo y entrega continua, quizá entonces, dejaremos una huella indeleble en las personas con las que topemos.

domingo, 2 de agosto de 2015

Redireccionando la Innovación II

Ahora, bien. Si algo he aprendido en los viajes, las diversas lecturas y las experiencias compartidas con las personas de todo tipo de nacionalidad, sexo, cultura y religión, es que el suelo fértil de la creatividad es la  diversidad. Entendamos diversidad no como barreras que separan a una persona de otra, sino justamente lo contrario. Que una vez superadas estas barreras de religión, de raza, de cultura, de identidad sexual. Las personas se enfocan en generar productos o servicios o políticas que ayuden realmente al género humano. Y no políticas demagogas que persiguen los intereses personales.

Cuando hay diversidad existe creatividad, por ello es tan importante un equipo multicultural que genere las políticas de cambio. Porque sus ideas abarcan o intentan abarcar toda la muestra de la población. Y en cuestión de educación no es diferente. El aprendizaje auténtico requiere cierto conflicto. Donde el profesor confronta al estudiante con sus más profundos paradigmas y le ayuda a encontrar una respuesta auténtica, resultado de ello es compromiso y hambre de conocimiento.

¿Cómo podemos esperar pues, que nuestra cultura cambie cuando no hay hambre de cambio, cuando no existe ninguna esperanza en nuestras instituciones porque no se cree en ellas? Se le preguntó alguna vez a un niño que estaba en la prisión qué era lo que necesitaba para cambiar, a lo que el niño respondió (y cito): “echarle ganas”. A priori estaba quitando de en medio cualquier dependencia con cualquier institución, sea familiar, gubernamental o educativa. Se sentía sólo. Y al sentirse sólo, su única respuesta no era solicitar apoyo para seguir creciendo, sino él mismo buscar los recursos para generar algo de valor para él. De allí que el narco, la delincuencia sea el siguiente paso, donde prefieren los jóvenes adherirse a éstos grupos con un líder carismático que los ha escuchado y ha soportado en sus necesidades que seguir estudiando porque simplemente no ven un mejor futuro.

Sé que en el ensayo he tocado temas complejos de profundo interés social y que deben ser enfrentados no sólo desde una  perspectiva, sino varias. Aun así, el tema central sigue estando en la educación, y cuando hay gente educada (formada)  ellos mismos poseen las herramientas necesarias para defenderse y seguir impulsando nuevas herramientas para el crecimiento de la sociedad.


Por lo que propongo 3 sencillas (no fáciles) alternativas:

-Cambio radical en las políticas educativas. Como los líderes políticos, los sindicatos, y aquellos que no conviene que la gente desarrolle criterio, no desean cambiar, y como cultura latinoamericana (en general se espera el cambio desde el gobierno) es hora que el cambio sea generado desde fuera. Ya existen varias instituciones apartidistas, NGO´s, organizaciones no lucrativas que persiguen los mismos ideales. Además con el apoyo de las redes sociales y una voluntad y compromiso auténtico el cambio es muy real. Para generar instituciones sólidas, deben ser políticas sólidas, y para generar políticas solidas deben ser creídas. Refiero a un caso de México, cuando Andrés Oppenheimer comentaba que había varios indicadores que México iba creciendo, iba a cambiar, que todos los demás países parecían verlo, pero que faltaba que los mexicanos se lo creyesen.

-Cambio en el sistema educativo universitario: Donde se enseñe a pensar a sus alumnos, no solamente a memorizar o aprender unas cuantas materias útiles para su profesión y unos cuantas desfasadas. Se trata de crear estructura mental, adaptabilidad al cambio radical tecnológico que vivimos y potenciar cualidades personales en el ámbito de interés del estudiante: técnico matemático/ humanista/ artístico/ científico y filosófico. Para que sea desde el estudiante quien proponga el tipo de trabajo que desearía generar o crear en el futuro de acuerdo a las realidades que nos rodean.

-Finalmente, y la más difícil de alcanzar: que la creatividad sea el tipo de cambio en el futuro, y no el dinero. Dónde se aprecie más que la innovación y el desarrollo de un país esté sustentado por tecnología, y valor agregado de la mente de sus ciudadanos que los recursos que tiene.  Nosotros como latinoamericanos poseemos tremenda creatividad, si es cierto que ciertos procesos burocráticos hacen difícil la implementación o la transición a mayor desarrollo, no por ello debemos dejar de perseguir aquello que deseamos.

La innovación es necesaria y debe ser generada por organizaciones y personas que piensan. Debemos afrontar romper el silencio que nos impide cambiar. La verdad no nos hará libres a menos que desarrollemos los talentos, los hábitos y las habilidades y el coraje moral para usarla. 

Re direccionando la Innovación I


La educación es un concepto que a nadie deja indiferente, parece estar dentro de nuestra piel. Cuando conocemos a alguien después de las comunes preguntas de cortesía le preguntamos y tú qué estudiaste… Es algo que viene inscrito en nuestro sistema.
Y al parecer nuestro sistema actual de educación está roto. Nos enseñan mediante un programa que tiene hasta arriba las matemáticas y hasta abajo las artes y la cultura humanista. Un programa basado en la era industrial que no ha cambiado mucho desde entonces.

Al inicio de la revolución industrial, se dio la urgente necesidad de contratar a personas que tuviesen conocimientos básicos de las humanidades y el arte y conocimientos técnicos sobre la maquinaria que iban a ocupar, además que al poseer un conglomerado de diversas ciencias en su cabeza, pero sin ser realmente especializados en nada, los hacía la raza perfecta para el trabajo industrial y la manipulación del rey. Se propuso entonces ofrecer un programa en la escuela donde cada alumno recibiera 45 minutos de una asignatura y cambiase a los siguientes 45 minutos a otra asignatura que no tuviese que ver absolutamente nada con la anterior, para así, llenar su cabeza de datos interesantes, pero evitar el pensamiento propio, el análisis y el síntesis sobre cualquier tema. Se les premiaba a la memorización y se les condicionaba con calificaciones en sus exámenes. ¿Suena conocido? Nada ha cambiado desde entonces…


Al escribir sobre el tema, redireccionando la innovación no hay mejor manera que enfocarlo desde la educación. Donde todo mundo tiene un interés en el ambiente, y si se me permite ser más abierto, dónde la cultura latinoamericana está no solamente sobre diagnosticada, pero sufre terriblemente de políticas demagogas y de los embates de las organizaciones que tienen los intereses bien puestos en que los ciudadanos no crezcan, no piensen por sí mismos, sean más manipulables…

¿Qué se puede hacer entonces cuando los interesados (los ciudadanos, los padres de familias, los estudiantes) esperan de quien no quiere cambiar un cambio radical? Se puede forzar un cambio auténtico utilizando todos los medios de presión actuales lícitos y legales. Y sólo cuando se hayan agotado todos esos medios, incluso se podría pensar en una revolución, una revolución desde el intelecto, de las ideas, del deseo de crecimiento y de superación individual.

La revista del economista nos presenta un cuadro bastante desalentador en cuestiones educativas cuando se propone que cerca del 2020 casi todas las personas que viven actualmente en el mundo tendrán una licenciatura en la universidad, o un “degree de un college de cierta reputación”. ¿Dónde queda pues el valor agregado de la educación cuando se supone que las siguientes posiciones de trabajos de la siguiente década son trabajos que aún no existen? ¿No requiere la universidad, nuestras facultades un cambio de perspectiva? ¿Dónde el valor agregado de la institución sea medido en creatividad e innovación y no en dinero?