Ahora, bien. Si algo he aprendido en los viajes, las diversas lecturas y las experiencias compartidas con las personas de todo tipo de nacionalidad, sexo, cultura y religión, es que el suelo fértil de la creatividad es la diversidad. Entendamos diversidad no como barreras que separan a una persona de otra, sino justamente lo contrario. Que una vez superadas estas barreras de religión, de raza, de cultura, de identidad sexual. Las personas se enfocan en generar productos o servicios o políticas que ayuden realmente al género humano. Y no políticas demagogas que persiguen los intereses personales.
Cuando hay diversidad existe creatividad, por ello es tan importante un equipo multicultural que genere las políticas de cambio. Porque sus ideas abarcan o intentan abarcar toda la muestra de la población. Y en cuestión de educación no es diferente. El aprendizaje auténtico requiere cierto conflicto. Donde el profesor confronta al estudiante con sus más profundos paradigmas y le ayuda a encontrar una respuesta auténtica, resultado de ello es compromiso y hambre de conocimiento.
¿Cómo podemos esperar pues, que nuestra cultura cambie cuando no hay hambre de cambio, cuando no existe ninguna esperanza en nuestras instituciones porque no se cree en ellas? Se le preguntó alguna vez a un niño que estaba en la prisión qué era lo que necesitaba para cambiar, a lo que el niño respondió (y cito): “echarle ganas”. A priori estaba quitando de en medio cualquier dependencia con cualquier institución, sea familiar, gubernamental o educativa. Se sentía sólo. Y al sentirse sólo, su única respuesta no era solicitar apoyo para seguir creciendo, sino él mismo buscar los recursos para generar algo de valor para él. De allí que el narco, la delincuencia sea el siguiente paso, donde prefieren los jóvenes adherirse a éstos grupos con un líder carismático que los ha escuchado y ha soportado en sus necesidades que seguir estudiando porque simplemente no ven un mejor futuro.
Sé que en el ensayo he tocado temas complejos de profundo interés social y que deben ser enfrentados no sólo desde una perspectiva, sino varias. Aun así, el tema central sigue estando en la educación, y cuando hay gente educada (formada) ellos mismos poseen las herramientas necesarias para defenderse y seguir impulsando nuevas herramientas para el crecimiento de la sociedad.
Por lo que propongo 3 sencillas (no fáciles) alternativas:
-Cambio radical en las políticas educativas. Como los líderes políticos, los sindicatos, y aquellos que no conviene que la gente desarrolle criterio, no desean cambiar, y como cultura latinoamericana (en general se espera el cambio desde el gobierno) es hora que el cambio sea generado desde fuera. Ya existen varias instituciones apartidistas, NGO´s, organizaciones no lucrativas que persiguen los mismos ideales. Además con el apoyo de las redes sociales y una voluntad y compromiso auténtico el cambio es muy real. Para generar instituciones sólidas, deben ser políticas sólidas, y para generar políticas solidas deben ser creídas. Refiero a un caso de México, cuando Andrés Oppenheimer comentaba que había varios indicadores que México iba creciendo, iba a cambiar, que todos los demás países parecían verlo, pero que faltaba que los mexicanos se lo creyesen.
-Cambio en el sistema educativo universitario: Donde se enseñe a pensar a sus alumnos, no solamente a memorizar o aprender unas cuantas materias útiles para su profesión y unos cuantas desfasadas. Se trata de crear estructura mental, adaptabilidad al cambio radical tecnológico que vivimos y potenciar cualidades personales en el ámbito de interés del estudiante: técnico matemático/ humanista/ artístico/ científico y filosófico. Para que sea desde el estudiante quien proponga el tipo de trabajo que desearía generar o crear en el futuro de acuerdo a las realidades que nos rodean.
-Finalmente, y la más difícil de alcanzar: que la creatividad sea el tipo de cambio en el futuro, y no el dinero. Dónde se aprecie más que la innovación y el desarrollo de un país esté sustentado por tecnología, y valor agregado de la mente de sus ciudadanos que los recursos que tiene. Nosotros como latinoamericanos poseemos tremenda creatividad, si es cierto que ciertos procesos burocráticos hacen difícil la implementación o la transición a mayor desarrollo, no por ello debemos dejar de perseguir aquello que deseamos.
La innovación es necesaria y debe ser generada por organizaciones y personas que piensan. Debemos afrontar romper el silencio que nos impide cambiar. La verdad no nos hará libres a menos que desarrollemos los talentos, los hábitos y las habilidades y el coraje moral para usarla.