Hace tiempo
tuve en mis manos el libro del Dr. John Rosemond, donde con claridad meridiana
daba las instrucciones para que los hijos obedezcan, la finalidad del libro era
crear personas capaces de tolerar la frustración del día a día y una guía sobre
la crianza de los niños.
Hoy en día
se generan tantas alternativas para los niños, se tiene tantas cosas para
ellos, se les dio de manera continua empoderamiento a concederles todos sus
caprichos en un afán de tranquilidad y paz inmediata que ha creado una generación
de semiadultos poco tolerantes y tiránicos estudiantes que han traído
resultados desastrosos a nuestra sociedad.
Alguno
diría que quizá estas actuales protestas
(Universidad de Missouri) son una crisis
para indicar que los tiempos cambian, que necesitamos una nueva forma de hacer
educación de promover la tolerancia y el respeto, y esto es cierto, sin embargo
cuando las actitudes, acciones de las personas van contra los derechos
fundamentales del hombre, esto es la libertad, el bien común y aquello que se
considera como virtud buscando el desacato a las normas, la comodidad y el vida
a costa de otras personas, son totalmente infunda mentadas y esas acciones
deben ser castigadas.
Se generan
estudiantes donde buscan que sus ideas son las que deben estar bien, una
especie de campo de concentración donde las ideas de unos son las favorecidas,
y todo esto bajo la apariencia de una diversidad adecuada y tolerante.
Nuestros contemporáneas
están actualmente suficientemente sensibilizados con los derechos humanos como para comprender que una opinión pública
no forzosamente es verdad por el hecho de ser pública.
Y puede ser
tremenda presión la voz de los estudiantes al punto que logran que resignen del
cargo las autoridades competentes.
Decía
Immanuel Kant que la Ilustración es la superación por parte de los seres
humanos. Solo quien se atreve a asumir los riesgos de la libertad y la razón puede
ser un ciudadano de la modernidad.
Parecer ser
que esta utopía creada hace cerca de 500 años tendría su epopeyico final con el
Internet, sin embargo surge casi lo contrario: un espíritu feroz de continuo
linchamiento, censura, fundamentalismo absurdo sobre casi cualquier tontería.
Estamos
ante un nuevo oscurantismo, asolados por la ignorancia de quien se cree tan
inteligente u original que es sobreactuado e infantil y que defiende a capa y
espada sus posturas basándolas en una
creencia casi tan ciega como un niño esperando el hada de los dientes.
No digo que
creer sea lo incorrecto, antes bien, es necesario luchar por lo que creemos,
sin embargo fundamentar estas creencias con la madurez del estudio, la profundización y la tolerancia necesaria de
saber que existen más ideas que sólo las propias.

